Seamos libres, lo demás no importa nada


“Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer»
José de San Martín

La historia oficial, escrita por los representantes del poder hegemónico para justificar su presente de privilegio y poder pergeñó una versión de la gesta sanmartiniana amoldada a sus intereses sectoriales desvinculándola de su verdadera lucha contra los opresores, internos y externos.

Como trabajadores y trabajadoras de la educación entendemos que es imprescindible retomar no sólo la figura de San Martín despojada del exitismo de sus triunfos militares que lo transformaron en un mito, sino también, recuperar la vigencia de su mensaje político profundamente latinoamericano que aún es revolucionario.

Sin lugar a dudas, José de San Martín fue obstinádamente coherente en su teoría y práctica cuando se trataba de defender la libertad de los pueblos, prueba de ello es su actuación como principal referente político y gobernante en Cuyo, Chile y Perú.

En el caso de Cuyo, San Martín instaló fábricas, fundiciones, y laboratorios de explosivos, preparándose para la guerra y propició la producción agropecuaria sistematizada, planificada, fomentó el sistema de riego, los talleres de herraje, carpintería, ebanistería y textiles; incentivó la producción local con políticas de protección aduanera, pensando en la paz y la construcción de la Patria Grande basada en un modelo económico nacional y popular.

En Perú, llevó adelante una política de inédita justicia social para la Lima aristocrática, decretó la libertad de vientres, eliminó el tributo a los indígenas, en definitiva, implementó una verdadera democracia que respetaba lo que muchos años después se reconocieron como derechos sociales, económicos, políticos y culturales inherentes a todo ser humano. 

Como político, asumió la responsabilidad de  “proteger al inocente oprimido, favorecer al desgraciado... poner fin a este tiempo de miseria y desgracias...”. Con esta visión luchó por la libertad y la dignidad de lo sectores populares. Confió, sin dudar, a gauchos, indios y negros la lucha emancipadora, sabía que en ellos y en figuras como Güemes, Artigas y Belgrano estaba presente su mismo espíritu rebelde. Por ello es que defendió la cultura nacional y popular a través de la educación y el respeto por la diversidad originaria.

El verdadero San Martín, que batalló con los pobres y por los pobres, que pudo ver en el fusilamiento de Dorrego el inicio de demasiadas muertes sin sentido que fragmentarían nuestra historia, desvirtuando la gesta por la independencia, prefirió el ostracismo y la pobreza antes de traicionar sus principios. Ese hombre concreto debe ser recuperado por su pueblo.

Este es nuestro desafío como docentes comprometidos en la construcción de una sociedad diferente, definitivamente libre y soberana, con justicia y  educación para todas y todos, tal como lo soñó cuando escribió “La patria existe, la patria vencerá. Seamos libres y lo demás no importa nada”.

                                                                                       Gral. Roca - Fiske Menuco, 17 de agosto de 2015

 María Inés Hernández, Secretaria de prensa, comunicación y cultura