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No es una discusión técnica. No es un número más o un porcentaje mejor redactado. Lo que está en juego es otra cosa.

Porque más allá de cualquier aceptación o rechazo, lo que se vuelve evidente es un modelo: un gobierno que ajusta, que recorta, que desvaloriza. No solo a lxs docentes, sino a la educación pública en su conjunto. Un gobierno que ha elegido ubicar a la escuela en un lugar de desprestigio, mientras destina millones a construir un relato que no se sostiene en la realidad cotidiana de las aulas.

No hay reconocimiento real cuando el salario pierde contra la inflación. No hay reparación cuando lo que se ofrece llega tarde, fragmentado y sin impacto estructural. No hay política educativa cuando se gobierna desde el marketing y no desde la inversión.

Y hay algo más grave todavía: el disciplinamiento.

Se descuenta por parar.
Se descuenta por enfermarse.
Se descuenta por organizarse.
Se descuenta por luchar.

Se intenta instalar el miedo como forma de gobierno, castigando a quienes sostienen todos los días la escuela pública en condiciones cada vez más difíciles. Pero también se equivoca quien cree que así se debilita la organización: cada descuento, cada apriete, cada intento de silenciar, deja más en claro de qué lado está cada uno.

No es solo una propuesta salarial insuficiente. Es una definición política.

Frente a eso, no alcanza con discutir cifras. Hace falta discutir el modelo de educación que están construyendo: uno donde se ajusta a lxs trabajadorxs y se invierte en propaganda; donde se desfinancia la escuela pública y se responsabiliza a quienes la sostienen; donde se intenta disciplinar en lugar de escuchar.

Por eso, más que nunca, la respuesta es colectiva.

Porque cuando atacan nuestros derechos, no nos dividen: nos organizan.
Porque cuando intentan disciplinar, respondemos con unidad.
Y porque defender la educación pública es también defender nuestro trabajo, nuestra dignidad y el futuro que queremos construir.

Este 18 de marzo, el Congreso y las asambleas —con sus distintos posicionamientos— definirán cómo continuar. Pero hay algo que trasciende cualquier definición: más allá de la aceptación o el rechazo, esta propuesta no da respuesta a lo que la docencia necesita. No repara, no recompone, no reconoce. Expresa un límite claro: el de un gobierno que sigue sin estar dispuesto a garantizar condiciones dignas para enseñar y aprender.

Y ahí es donde también está nuestra tarea: no naturalizar lo insuficiente, no conformarnos con lo que no alcanza, y seguir construyendo la fuerza colectiva para torcer este rumbo.

General Roca – Fiske Menuco, 17 de marzo de 2026

Melisa Verbeke, Secretaria de Prensa, Comunicación y Cultura
Gabriela Aguilar, Secretaria Gremial y de Organización
Mauricio Ovadilla, Secretario Adjunto
Laura Ortiz López, Secretaria General